LIDERAZGO
Carta a corazón abierto: Crisis con la profesión
8 minutos de lectura
Si tuvieras una flecha móvil que puede apuntar desde “jamás tuve una crisis profesional” hasta “mi profesión es una constante crisis”, ¿dónde apuntaría ahora mismo?
Este año celebro 20 años de profesión, contando desde mi primer proyecto freelance cuando cursaba el CBC de Diseño Gráfico; y desde entonces, exploré muchos caminos, cometí errores, tuve aciertos y, sí, muchas crisis.
Quiero compartir con vos cómo las transité y qué aprendí en ese proceso.
Nada mejor para transitar una crisis que abrazarla, aunque incomode. Está aquí para darnos algunas lecciones, y por más que cueste, la mejor manera de capitalizarlas es aceptarla.
Mi primera crisis profesional ocurrió apenas empecé una carrera que amaba, en la mejor universidad del mundo, tan enamorada de FADU que, sin evidencia, sabía que algún día daría clases allí.
Cometí el gran error de inscribirme en todas las materias, en las cátedras más exigentes. Cuando llegaron las consecuencias, reflejadas en mis calificaciones y, peor aún, en mi salud, no quise enfrentarlas.
Postergué la crisis. Ignoré síntomas, puse excusas, culpé a otros y minimicé logros ajenos atribuyéndolos a suerte. Hice todo para no cuestionarme. ¿Resultado? Esa crisis volvió con más fuerza al año siguiente.
Hoy, casi dos décadas después, reconozco que cuando la incertidumbre empieza a ganarle terreno a lo concreto, la crisis está llegando. Aprendí que aceptar esa incertidumbre es permitirse maravillar con lo inesperado.
Amo hacer preguntas, pero responderlas es otra historia. En crisis, de hecho, solía procrastinar para evitarlas. Por ejemplo, si tenía que limpiar y ordenar toda mi casa mientras escuchaba un podcast, con tal de no responder qué quiero realmente hacer con mi vida, lo hacía sin dudar.
¿Y no es exactamente lo contrario a lo que nos enseña la profesión? Al hacer una investigación con personas usuarias, ¿no son justamente los dolores principales los que tenemos en cuenta?
Esa es mi regla adquirida para la vida: si la pregunta pica, la respuesta rasca. ¿Te rascarías donde no pica? Con la mente pasa algo parecido. Si una pregunta te inquieta, esa es justamente la que necesitás explorar.
No hace falta correr a resolverla inmediatamente; alcanza con reconocer que ese es el camino y avanzar con paciencia.
Lo que más me ha impulsado en mi profesión han sido las personas valiosas que encontré al andar. ¿Por qué creés que UX es una disciplina colaborativa? Porque las personas necesitamos esa pluralidad de voces para evolucionar y lograr lo que queramos.
Los amigos que comparten profesión son aliados con quienes puedo hablar sin filtros profesionales. Porque son amigos, además de colegas, sus consejos son más cercanos y precisos.
Hubiera dejado la carrera en mi primera crisis, si no fuera porque un amigo me sacó del aula y pasó toda una clase escuchándome. La hubiera dejado en la segunda crisis, si uno de mis profesores más admirados no me hubiera dicho claramente que debía dejar de ser mi propia enemiga.
Los amigos ajenos a mi profesión, sobre todo aquellos que me conocen desde etapas previas, son aliados que detectan cuando la crisis es más de vida que profesional, aunque la quiera disfrazar así.
En la crisis actual, me estoy apoyando mucho en ambas categorías. ¿Tengo respuestas? No todavía. Pero sería aún más difícil si no pudiera reflejarme en quienes me rodean.
Este aspecto me cuesta especialmente, porque en crisis mi primer pensamiento siempre es “no sé”. Identifico con mucha más facilidad lo que ignoro, que lo aprendido. Pero, visto desde otro ángulo, esto es un superpoder: detectar rápidamente lo que desconozco. Una crisis no es más que ignorancia luchando por hacerse consciente.
Volviendo a lo que nos enseña la profesión, una usé post-its digitales durante días para anotar en rojo lo que quería abandonar, en verde lo que quería empezar, y en amarillo lo que me resultaba indiferente. Luego las agrupé, etiqueté y convertí en ideas laborales claras. Una herramienta cotidiana del trabajo que ya no quería fue mi puente hacia un nuevo camino. Yo no sabía lo que quería, pero sí sabía cómo destrabar cuestiones similares en la disciplina de UX.
Pensate, mirá para adentro, conocete. Vas a descubrir que la respuesta que esperás afuera, siempre estuvo dentro, que sabés más de lo que pensás, y podés más de lo que imaginás.
Cuando Fran me invitó a formar parte de la aventura de escribir, compartiéndome un documento titulado “Crisis de profesión”, lo cerré inmediatamente como si me hubiera quemado. Días después volví, leí con buena disposición y las palabras fluyeron naturalmente.
Esto es porque las crisis no son un estado, y no son un momento: son un proceso. Uno incómodo, confuso, con muchas idas y vueltas, con más intrigas que certezas. Aceptarlo, analizarlo, pedir ayuda y reconocernos, es, para mí, el mejor camino para atravesarlo.
LIDERAZGO
Carta a corazón abierto: Crisis con la profesión
8 minutos de lectura
Si tuvieras una flecha móvil que puede apuntar desde “jamás tuve una crisis profesional” hasta “mi profesión es una constante crisis”, ¿dónde apuntaría ahora mismo?
Este año celebro 20 años de profesión, contando desde mi primer proyecto freelance cuando cursaba el CBC de Diseño Gráfico; y desde entonces, exploré muchos caminos, cometí errores, tuve aciertos y, sí, muchas crisis.
Quiero compartir con vos cómo las transité y qué aprendí en ese proceso.
Nada mejor para transitar una crisis que abrazarla, aunque incomode. Está aquí para darnos algunas lecciones, y por más que cueste, la mejor manera de capitalizarlas es aceptarla.
Mi primera crisis profesional ocurrió apenas empecé una carrera que amaba, en la mejor universidad del mundo, tan enamorada de FADU que, sin evidencia, sabía que algún día daría clases allí.
Cometí el gran error de inscribirme en todas las materias, en las cátedras más exigentes. Cuando llegaron las consecuencias, reflejadas en mis calificaciones y, peor aún, en mi salud, no quise enfrentarlas.
Postergué la crisis. Ignoré síntomas, puse excusas, culpé a otros y minimicé logros ajenos atribuyéndolos a suerte. Hice todo para no cuestionarme. ¿Resultado? Esa crisis volvió con más fuerza al año siguiente.
Hoy, casi dos décadas después, reconozco que cuando la incertidumbre empieza a ganarle terreno a lo concreto, la crisis está llegando. Aprendí que aceptar esa incertidumbre es permitirse maravillar con lo inesperado.
Amo hacer preguntas, pero responderlas es otra historia. En crisis, de hecho, solía procrastinar para evitarlas. Por ejemplo, si tenía que limpiar y ordenar toda mi casa mientras escuchaba un podcast, con tal de no responder qué quiero realmente hacer con mi vida, lo hacía sin dudar.
¿Y no es exactamente lo contrario a lo que nos enseña la profesión? Al hacer una investigación con personas usuarias, ¿no son justamente los dolores principales los que tenemos en cuenta?
Esa es mi regla adquirida para la vida: si la pregunta pica, la respuesta rasca. ¿Te rascarías donde no pica? Con la mente pasa algo parecido. Si una pregunta te inquieta, esa es justamente la que necesitás explorar.
No hace falta correr a resolverla inmediatamente; alcanza con reconocer que ese es el camino y avanzar con paciencia.
Lo que más me ha impulsado en mi profesión han sido las personas valiosas que encontré al andar. ¿Por qué creés que UX es una disciplina colaborativa? Porque las personas necesitamos esa pluralidad de voces para evolucionar y lograr lo que queramos.
Los amigos que comparten profesión son aliados con quienes puedo hablar sin filtros profesionales. Porque son amigos, además de colegas, sus consejos son más cercanos y precisos.
Hubiera dejado la carrera en mi primera crisis, si no fuera porque un amigo me sacó del aula y pasó toda una clase escuchándome. La hubiera dejado en la segunda crisis, si uno de mis profesores más admirados no me hubiera dicho claramente que debía dejar de ser mi propia enemiga.
Los amigos ajenos a mi profesión, sobre todo aquellos que me conocen desde etapas previas, son aliados que detectan cuando la crisis es más de vida que profesional, aunque la quiera disfrazar así.
En la crisis actual, me estoy apoyando mucho en ambas categorías. ¿Tengo respuestas? No todavía. Pero sería aún más difícil si no pudiera reflejarme en quienes me rodean.
Este aspecto me cuesta especialmente, porque en crisis mi primer pensamiento siempre es “no sé”. Identifico con mucha más facilidad lo que ignoro, que lo aprendido. Pero, visto desde otro ángulo, esto es un superpoder: detectar rápidamente lo que desconozco. Una crisis no es más que ignorancia luchando por hacerse consciente.
Volviendo a lo que nos enseña la profesión, una usé post-its digitales durante días para anotar en rojo lo que quería abandonar, en verde lo que quería empezar, y en amarillo lo que me resultaba indiferente. Luego las agrupé, etiqueté y convertí en ideas laborales claras. Una herramienta cotidiana del trabajo que ya no quería fue mi puente hacia un nuevo camino. Yo no sabía lo que quería, pero sí sabía cómo destrabar cuestiones similares en la disciplina de UX.
Pensate, mirá para adentro, conocete. Vas a descubrir que la respuesta que esperás afuera, siempre estuvo dentro, que sabés más de lo que pensás, y podés más de lo que imaginás.
Cuando Fran me invitó a formar parte de la aventura de escribir, compartiéndome un documento titulado “Crisis de profesión”, lo cerré inmediatamente como si me hubiera quemado. Días después volví, leí con buena disposición y las palabras fluyeron naturalmente.
Esto es porque las crisis no son un estado, y no son un momento: son un proceso. Uno incómodo, confuso, con muchas idas y vueltas, con más intrigas que certezas. Aceptarlo, analizarlo, pedir ayuda y reconocernos, es, para mí, el mejor camino para atravesarlo.
LIDERAZGO
Carta a corazón abierto: Crisis con la profesión
8 minutos de lectura
Si tuvieras una flecha móvil que puede apuntar desde “jamás tuve una crisis profesional” hasta “mi profesión es una constante crisis”, ¿dónde apuntaría ahora mismo?
Este año celebro 20 años de profesión, contando desde mi primer proyecto freelance cuando cursaba el CBC de Diseño Gráfico; y desde entonces, exploré muchos caminos, cometí errores, tuve aciertos y, sí, muchas crisis.
Quiero compartir con vos cómo las transité y qué aprendí en ese proceso.
Nada mejor para transitar una crisis que abrazarla, aunque incomode. Está aquí para darnos algunas lecciones, y por más que cueste, la mejor manera de capitalizarlas es aceptarla.
Mi primera crisis profesional ocurrió apenas empecé una carrera que amaba, en la mejor universidad del mundo, tan enamorada de FADU que, sin evidencia, sabía que algún día daría clases allí.
Cometí el gran error de inscribirme en todas las materias, en las cátedras más exigentes. Cuando llegaron las consecuencias, reflejadas en mis calificaciones y, peor aún, en mi salud, no quise enfrentarlas.
Postergué la crisis. Ignoré síntomas, puse excusas, culpé a otros y minimicé logros ajenos atribuyéndolos a suerte. Hice todo para no cuestionarme. ¿Resultado? Esa crisis volvió con más fuerza al año siguiente.
Hoy, casi dos décadas después, reconozco que cuando la incertidumbre empieza a ganarle terreno a lo concreto, la crisis está llegando. Aprendí que aceptar esa incertidumbre es permitirse maravillar con lo inesperado.
Amo hacer preguntas, pero responderlas es otra historia. En crisis, de hecho, solía procrastinar para evitarlas. Por ejemplo, si tenía que limpiar y ordenar toda mi casa mientras escuchaba un podcast, con tal de no responder qué quiero realmente hacer con mi vida, lo hacía sin dudar.
¿Y no es exactamente lo contrario a lo que nos enseña la profesión? Al hacer una investigación con personas usuarias, ¿no son justamente los dolores principales los que tenemos en cuenta?
Esa es mi regla adquirida para la vida: si la pregunta pica, la respuesta rasca. ¿Te rascarías donde no pica? Con la mente pasa algo parecido. Si una pregunta te inquieta, esa es justamente la que necesitás explorar.
No hace falta correr a resolverla inmediatamente; alcanza con reconocer que ese es el camino y avanzar con paciencia.
Lo que más me ha impulsado en mi profesión han sido las personas valiosas que encontré al andar. ¿Por qué creés que UX es una disciplina colaborativa? Porque las personas necesitamos esa pluralidad de voces para evolucionar y lograr lo que queramos.
Los amigos que comparten profesión son aliados con quienes puedo hablar sin filtros profesionales. Porque son amigos, además de colegas, sus consejos son más cercanos y precisos.
Hubiera dejado la carrera en mi primera crisis, si no fuera porque un amigo me sacó del aula y pasó toda una clase escuchándome. La hubiera dejado en la segunda crisis, si uno de mis profesores más admirados no me hubiera dicho claramente que debía dejar de ser mi propia enemiga.
Los amigos ajenos a mi profesión, sobre todo aquellos que me conocen desde etapas previas, son aliados que detectan cuando la crisis es más de vida que profesional, aunque la quiera disfrazar así.
En la crisis actual, me estoy apoyando mucho en ambas categorías. ¿Tengo respuestas? No todavía. Pero sería aún más difícil si no pudiera reflejarme en quienes me rodean.
Este aspecto me cuesta especialmente, porque en crisis mi primer pensamiento siempre es “no sé”. Identifico con mucha más facilidad lo que ignoro, que lo aprendido. Pero, visto desde otro ángulo, esto es un superpoder: detectar rápidamente lo que desconozco. Una crisis no es más que ignorancia luchando por hacerse consciente.
Volviendo a lo que nos enseña la profesión, una usé post-its digitales durante días para anotar en rojo lo que quería abandonar, en verde lo que quería empezar, y en amarillo lo que me resultaba indiferente. Luego las agrupé, etiqueté y convertí en ideas laborales claras. Una herramienta cotidiana del trabajo que ya no quería fue mi puente hacia un nuevo camino. Yo no sabía lo que quería, pero sí sabía cómo destrabar cuestiones similares en la disciplina de UX.
Pensate, mirá para adentro, conocete. Vas a descubrir que la respuesta que esperás afuera, siempre estuvo dentro, que sabés más de lo que pensás, y podés más de lo que imaginás.
Cuando Fran me invitó a formar parte de la aventura de escribir, compartiéndome un documento titulado “Crisis de profesión”, lo cerré inmediatamente como si me hubiera quemado. Días después volví, leí con buena disposición y las palabras fluyeron naturalmente.
Esto es porque las crisis no son un estado, y no son un momento: son un proceso. Uno incómodo, confuso, con muchas idas y vueltas, con más intrigas que certezas. Aceptarlo, analizarlo, pedir ayuda y reconocernos, es, para mí, el mejor camino para atravesarlo.